29 sept. 2012

Los pecados de Paolo Gabriele


CIUDAD DEL VATICANO.— En medio de severas restricciones a la prensa hoy da inicio en Italia el esperado juicio contra Paolo Gabriele, el infiel ex mayordomo del Papa.
No se podrán tomar fotos, ni realizar filmaciones ni grabar lo que se dice en el proceso. El mundo conocerá a los jueces, a los agentes del ministerio público, testigos y a los imputados únicamente a través de los dibujos que se realizarán en el curso de las audiencias a las que sólo tendrán acceso 10 medios de información: L’Osservatore Romano, Radio Vaticana y tres grandes agencias internacionales tendrán un lugar fijo, mientras que los otros cinco puestos serán ocupados a rotación por agencias italianas, otras internacionales menores, periódicos católicos, diarios italianos y algunos diarios extranjeros.
Estas son sólo algunas de las reglas con las que se desarrollará el proceso penal contra Gabriele, el infiel ex mayordomo de Benedicto XVI, y su cómplice Claudio Sciarpelletti, un técnico informático de la Secretaria de Estado, cuya primera audiencia tendrá lugar hoy, como marca un decreto del presidente del Tribunal de la Ciudad del Vaticano, Giuseppe Dalla Torre.
Escenario de este singular proceso, la pequeña sala del Tribunal de la Santa Sede, ubicado en la Plaza de Santa Marta a espaldas de la Basílica de San Pedro, en la cual, además de los imputados, estarán presentes Giuseppe Dalla Torre, Paolo Papanti Pelletier y Venerando Marano —los jueces—. Nicola Picardi, promotor de justicia en el Vaticano, fungirá como fiscal y Carlo Fusco será el abogado defensor de Paolo Gabriele.
Todo esto tendrá lugar a un mes y medio del envío a juicio de el Cuervo, como muchos medios llaman a Gabriele, quien en esa sede deberá responder a la imputación de “robo agravado”, cuya pena máxima es de seis años de cárcel, y paralelamente aclarar cómo y por qué extrajo ilegalmente documentos secretos de la Santa Sede, así como un cheque girado en favor del Pontífice, pepitas de oro y libros antiguos de gran valor. Con una imputación mucho menos grave, la de haber colaborado con el ex mayordomo del Papa, ese mismo día podría también comparecer ante la justicia vaticana el informático de la Secretaría de Estado Claudio Sciarpelletti.
Atención mundial
El proceso será seguido en todo el mundo porque ha sido la primera vez que documentos secretos de la Santa Sede son extraídos y difundidos por la prensa, pero también porque a través de los mismos se ha podido confirmar la corrupción existente al interior del Vaticano, así como el mar de intrigas y enfrentamientos que tienen como protagonistas a algunos cardenales y al secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone —el gran poder que éste ha adquirido y la manera como lo ejerce es el origen de estas tensiones—, hechos, todos ellos, que han terminado por sacudir el Palacio Pontificio desde sus cimientos.
Se trata además de una historia sórdida que no sólo ha tocado al Papa en primera persona, toda vez que algunos de los documentos salieron de su estudio, sino que ha hecho surgir muchas interrogantes entre los católicos italianos y no italianos, que no parecen convencidos de que Paoletto, como llaman a Gabriele en el Vaticano haya actuado solo y con el único objetivo de ayudar a Benedicto XVI, como se lee en el documento de su envío a juicio.
De hecho, en el documento se menciona que Paoletto citó los nombres de otras personas que en alguna forma estarían implicadas en el caso.
A esos otros implicados sólo se les ubica con una sola letra, con el propósito de ocultar su identidad, cosa que en realidad ha funcionado sólo a medias.
Una de las cartas secretas difundidas por la prensa está firmada por el arzobispo Carlo María Viganó, actual embajador de la Santa Sede en Estados Unidos y ex secretario general del “Governatorato” de la Ciudad del Vaticano, quien en la misma denuncia al Papa la “corrupción y mala gestión” en la administración de esta institución religiosa.
En esa y otras misivas también aparecen los nombres del cardenal Tarcisio Bertone y los de otros altos prelados de la Iglesia de Roma, alguno de los cuales podría ser el verdadero Cuervo, es decir, la persona que utilizó los servicios de Paolo Gabriele o que se aprovechó de su ingenuidad.
“Chivo expiatorio”
“Es imposible que Paoletto haya actuado por iniciativa propia, como imposible es que haya extraído estos documentos sin ser visto y que haya sido tan tonto como para dejarlos en su casa, donde los encontraron, sabiendo que existía una investigación sobre el caso. En mi opinión, él es un simple el chivo expiatorio, la persona que pagará por las culpas de otros para evitar más y mayores problemas al Papa y a la Santa Sede”, comentó una fuente en el Vaticano a EL UNIVERSAL. Dicha fuente ha pedido que su nombre quede en el anonimato.
Manejada también por algunos vaticanistas, esta hipótesis podría ser confirmada si, como se rumora desde hace tiempo, el papa Benedicto XVI, una vez condenado su ex mayordomo, que de hecho ha confesado su culpa, le concede la gracia para que recupere su libertad.

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